Cuando uno se abre al mundo de otra persona, duplica su propio mundo



PUBLICACION FUNDADA EN 1996

ESTACION CENTRAL GENERAL ARTIGAS A LA ESPERA DE LOS TRENES DEL RECUERDO

El antiguo y majestuoso edificio de la Estación Central del Ferrocarril General Artigas, constituye un buen ejemplo de la influencia inglesa por esas latitudes, que se destaca desde lejos y llama su atención por la armonía de sus volúmenes y su estructura.

El andén se parece al de tantas otras estaciones de inspiración inglesa, un gran reloj con números romanos, nos indica una cosa detenida en el tiempo, que evoca el recuerdo de varias generaciones que supieron transitar por allí llegando o saliendo en los ferrocarriles, primero conducidos por humeantes máquinas a carbón y luego por las recordadas diesel, cuyo espíritu se palpa todavía en estos espacios hoy semi vacíos.
Supo ser punto de partida y llegada para todos los trenes uruguayos, desde que en 1939 se clausuró el único tren no ingles, llamado de "los burreros", porque conducía a los aficionados a las carreras de caballos al Hipódromo de Maroñas.

Fué inaugurado el 23 de junio de 1897 y se nacionalizó en 1945. Fué declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1975 y en los años ochenta, luego de una honda crisis se suprimen todos los servicios.

Hace años era uno de los paseos de los montevideanos; jóvenes en grupos, parejas de enamorados, familias enteras, llegaban allí no con animo de no viajar sino de contemplar la entrada y salida de los trenes y motocares.

Se llegaron a realizar exposiciones y muestras de variado tenor como la muestra itinerante del Libro Español realizada en 1994. En particular, tengo recuerdos de mi niñez cuando viajaba desde Tacuarembó, con cinco años junto a mi madre que me traía a las consultas del Dr. Caritat, una eminencia en huesos, y viajar en tren entre 14 y 15 horas y llegar a la Estación Central , a Montevideo, con los ojos de asombro de todo lo que veía.

Era un mundo que a esa corta edad me maravillaba. Un clima de irremediable decadencia marca esos alrededores hoy silenciosos y antes cargados del sonido permanente del pitar de los trenes. Y sin embargo, la Estación Central sigue allí, imperturbable y digna como a la espera de aquellos trenes de antaño, de largos recorridos, con su salón comedor y camarotes, versión modesta y criolla de legendarios ferrocarriles como el Transiberiano o el suntuoso tren que hacia el recorrido París-Estambul.



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