Queridos compatriotas:
Al cumplirse un nuevo aniversario de la Declaratoria de la Independencia los uruguayos , cualquiera sea nuestra identidad personal, dondequiera que estemos y cada cual a su modo, renovamos nuestros sentimientos y compromisos en tanto comunidad nacional. Se trata de una actitud saludable que no es invento ni propiedad monopólica del actual Gobierno de la República, pero a la cual este Gobierno adjudica singular importancia y promueve en lo que la misma tiene de recuerdo del pasado que hemos recorrido y proyecto del futuro a recorrer. Porque las naciones son eso, precisamente: el impulso de un pasado compartido y la convocatoria a construir un futuro posible y mejor para todos. Las naciones son una construcción ciudadana y permanente. La independencia de las naciones, también. En tal sentido, la Declaratoria de la Independencia el 25 de agosto de 1825 no fué una inspiración efímera o exclusiva de quienes la proclamaron con valentía y grandeza que merecen nuestro homenaje, sino resultado de los sueños y esfuerzos de muchos orientales, la mayoría de ellos anónimos. Pero es, también factor de un proceso histórico que contina y de cuyo presente somos responsables todos los uruguayos. Porque si en 1825 fué fundamental declarar “irritos, nulos, disueltos y sin ningún valor para siempre todos los actos de incorporación , aclamación y juramento arrancados a los pueblos de la Provincia Oriental por la violencia, unir esta Provincia a las demás del Río de la Plata y crear un pabellón nacional; 183 años después es fundamental redoblar nuestra voluntad de construir un país que sea más inclusivo, protector y competitivo a la vez; un Uruguay con crecimiento económico, desarrollo productivo y justicia social; una patria para todos y en la que todos tengan las mismas oportunidades para encontrar su espacio. Creo que es posible lograrlo y confío en que lo haremos. Con esa convición y confianza los convoco a esa tarea y los saludo en esta fecha tan emblemática
Fraternalmente.